Lo que te dices

Lo que te dices

¿Alguna vez has escuchado tus pensamientos a través de una pantalla?. 

Hace un año, con motivo de la ansiedad que me producían varias situaciones decidí grabar “mi diario de quejas”

Grabar tus pensamientos.

Cuando sentía estallar mi cabeza, le hablaba a mi grabadora de mis preocupaciones, mis miedos, mi enfado, sin censura. Esa misma noche lo reproducía a modo de reflexión, escuchaba y sacaba conclusiones; la primera fue que como conferenciante debería recibir clases, la segunda que en esos audios encuentro sentimientos de angustia, rabia, tristeza, agobio… ¡vamos! la lista top para despertar el ánimo.

Una mañana en el autobús dando al play con mis cascos y equivocadamente alteré el orden de reproducción:


El primer audio exponía una queja personal.
El siguiente audio daba respuesta en tercera persona a un problema que me resultaba molesto de una conocida. “A ver si tanto le molesta esto que haga…”

Me quedé alucinada, porque yo misma me estaba dando respuesta a mis propias quejas, aquello que me molestaba era reflejo de situaciones personales. Se nos da fenomenal dar consejos, pero nos cuesta reconocer cuándo aplicarlos.

La semana pasada decía una conferencia TED:

Si una amiga te hablase como tú te hablas dejarías de llamarla.

Estás sola en la vida. 

Hace años vivía sola, lo hacía por voluntad propia, no quería tener pareja ni compartir casa y rechazaba todas las oportunidades de gente estupenda que podrían merecer pasar tiempo para tomar un café y lo que surgiera. No sé si fue la incertidumbre por la situación económica, enfermar con frecuencia y sin cuidados, o el aburrimiento rutinario, que estas palabras se colaron como un mantra cada momento del día. “Estás sola en la vida”. Y me las creí, hasta el punto de tener depresión. 

Aquella charla TED me ha hecho reflexionar, conecto la grabadora para escuchar mis pensamientos, pero nunca se me ha ocurrido callar a esa amiga que se sienta a mi lado y me boicotea.

Frente al espejo. Mi cinturón second hand.

Eres prescindible.
No sirves para nada.
Tienes que comer mejor.

Opina sólo cuando sea interesante…

La otra noche desperté por nervios y me sorprendí mentando una de esas frases (nada agradable) que me repito con frecuencia. Y me dije con firmeza y consciencia, ¿si fueras mi amiga te mandaba callar y es lo que voy a hacer?.

Por la mañana me senté con mi libreta y le escribí a mi “amiga” Victoria (yo), aquello que le repito durante meses. Frente a frente, con sinceridad y sin dulcificar.

Tras leer el listado quedé sorprendida, soy muy mala amiga, por suerte solo lo sé yo, así que estoy a tiempo de arreglar las cosas. 

Taché ese listado y comencé haciendo un ejercicio; el de escribir la realidad, hablando desde la compasión y la generosidad:

  • Eres prescindible. |  Tu labor es necesaria.
  • No sirves para nada.  |  Tus ideas ayudan.
  • Tienes que comer mejor.  | Está deliciosa tu ensalada con aguacate.
  • Opina sólo cuando sea interesante. |  Participar (que no acaparar la atención) hace que la gente se sienta entendida.

La próxima vez que oigas a esa juez interna criticando, siéntate pacientemente frente a ella y dale tus mejores consejos. Aquello donde pones el foco, se expande. 

Gracias por venir.
Victoria.

 

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