Minimalismo. El vacío de lo no presente.

Minimalismo. El vacío de lo no presente.

Esta semana después de mucho regateo, vendí mi patín. Lo usé durante un año y al cambiar de lugar de trabajo se quedó abandonado en casa, ocupando un espacio.

No encontré otro momento para ir con él, y pensándolo es más práctico alquilar un eléctrico y olvidarme al llegar al destino. 

Así que como dice Marie Kondo “agradece que pasó por tu vida y deshazte de él”. Es extraño pero aún parece que el patín sigue en la entrada de casa, pero al ver el hueco que ha dejado siento una especie de alivio y descanso mental. “Una cosa menos en mi vida”. Así practico el desapego.

Cuando lo compré nuevo descarte la opción segunda mano porque solamente me ahorraba 20€ respecto a su precio en tienda. “Por ese precio me lo compro nuevo”, esto mismo me han estado diciendo todos las posibles compras de wallapop.
Por mi experiencia he aprendido a no descartar second hand cuando se trata de un objeto en buen estado. Cuando compras de segunda mano no solo ahorras dinero, también evitas embalaje, y tras estrenarlo sus consiguientes residuos. Caja, etiqueta, poliespan…

Si hubiese comprado ese patín por 20€ menos al regatear lo podría haber revendido por menor precio y me lo hubiese quitado de encima mucho antes. 

Llegar a esta conclusión me ha costado años de aprendizaje a base de situaciones no esperadas. El apego material cada vez, está menos presente.

La casa.

Vivir en 28m2

Cuando tenía 26 años conseguí mi vida soñada. Trabajaba como interiorista en un puesto que en aquel momento consideraba que tenía unas buenas condiciones laborales. Eso me permitió alquilar mi propia casa, toda entera para mí solita. La libertad. La independencia. Salía, entraba… solo yo mandaba ahí.

Un día perdí mi trabajo y poco a poco todos mis “privilegios” alcanzados fueron cayendo. No es un cambio brusco, todo coge terreno mes a mes.
Primero comienzas desapuntándote del gimnasio-spa, aún sabiendo que dejar de hacer deporte no te hará ningún bien. Después dejas de comprar ropa, total no necesitas ir arreglada a ningún trabajo. Y un día te ves rechazando un café en el bar, porque estratégicamente has hecho cuentas del dinero disponible para vivir esa semana. “Voy a guardar para poder beberme una caña, porque abandonar las relaciones sociales es lo último”.

Todos estos cambios cogieron fuerza y un día puse una caja encima de la encimera y comencé a embalar mis cosas. La incertidumbre generó ansiedad y esta se apoderó de mí. 

“¿No entiendo para qué me compré todo esto?. Si hubiera sido más cauta no hubiese llenado 28m2 de mierdas”. Lo material ya no tenía sentido sin mi espacio, ese momento fue la clave.

Ahora, sin este espacio. No necesito tanto.

Antes de cerrar la puerta.

Dejé mi casa, mis muebles y decidí compartir piso una larga temporada como propósito de “ahorro”. A partir de entonces aprendí los beneficios del desapego. Hoy es una situación anecdótica, el duelo hizo su trabajo. 

Así que cada vez que deshecho un objeto o vivencia, no le doy las gracias, me doy la enhorabuena a mí, porque detrás hay una historia de superación.

Lo tenga o no, puedo vivir con ello.

La foto de cabecera es aquella casa, me gusta recordarla. Igual que ese patín ha pasado a formar parte de aquello que deja de ocupar su lugar y aún así sigue presente. 

Gracias por venir.
Victoria.

 

2 comentarios

  1. Solete dice:

    Muy buen post, me ha ayudado a reflexionar. Gracias

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