Autoexigencia

¿Cuántas veces has reconocido que algo no obtiene los resultados que deseas debido a tu propia demanda?. Esta semana Paula de Efectogreen ha tocado la puerta del blog y me ha hecho una visita. Si no has pasado por su espacio, te cuento, es de los primeros Blogs que comencé a leer en mis inicios Zero Waste. Disfruta de la filosofía de vida Slow Life. Me leo cada publicación, y sinceramente, siento que sus palabras son reflejo de mis vivencias.
Curiosamente las dos compartimos un tema en común, y puede que tú también:

La autoexigencia.

Me hizo gracia cuando Victoria me invitó a escribir en su blog sobre la autoexigencia. Paradógicamente llevo toda la vida lidiando con ella y no es tarea fácil.

Antes de nada, deja que me presente. Soy Paula, hace unos años trabajaba como periodista en Galicia. Todo era perfecto pero algo no iba bien. ¿Has tenido esa sensación alguna vez?

Los inicios:

Por aquel entonces trabajaba en lo me gustaba, tenía amigos, familia cerca, un novio estupendo y todas las cosas materiales necesarias para no quejarme.

Un día, me empezaron a salir ronchas rojas por todo el cuerpo. Me despertaba sin ellas, iban apareciendo a lo largo del día y por la noche se iban. A la mañana siguiente ocurría otra vez lo mismo.

Me hicieron todo tipo de pruebas pero todas dieron negativo. Mientras, mi madre no se cansaba de decirme que aquello era estrés.

El tiempo le dio la razón aunque para ello me tuviera que ir a más de 15.000km de distancia. Me fui a vivir a Australia en una huida hacia delante sin mirar atrás.

Cuando volví de la aventura me pasé por mi antiguo trabajo a saludar. En aquel momento, ellos ya no me querían contratar otra vez ni yo quería volver a trabajar allí. Cuando hablé con la que había sido mi jefa me dijo algo que me hizo pensar.

Mientras le explicaba mi nuevo orden de prioridades en la vida, muy sinceramente ella me dijo. “A la gente como tú, con el nivel de autoexigencia tan alto, es normal que os acabe pasando factura”. Me hizo gracia que me lo dijera ella pero era una gran verdad.

La autoexigencia nos viene de serie

Tenemos que ser buenos en el trabajo, cuidarnos, ir al gimnasio, meditar, cocinar, no utilizar plástico… Queremos tener tiempo para la pareja, los hijos, los amigos y para nosotros mismos… Y además, queremos ser los mejores en todo.

La autoexigencia nos viene impuesta por una sociedad que nos pide más y más.

Los anuncios nos recuerdan que tenemos que estar perfectos y además solo nos llevará 5 minutos: una cremita rápida, un batido milagro, una infusión al día.

Las influencers nos hacen ver como su vida es perfecta cocinando sano, haciendo retiros espirituales, practicando yoga y cuidando de sus hijos perfectos, guapos, listos y obedientes.

Pedir ayuda es visto como un símbolo de debilidad.

Desde pequeños nos han dicho que las niños grandes no lloran y que tenemos que ser fuertes cuando alguien nos hace daño.

Las mujeres cargamos con un extra añadido. Tenemos que ser súper mamis, súper trabajadoras y súper amas de casa. Se va avanzando poco a poco en la igualdad pero la sociedad nos sigue exigiendo que mantengamos un rol del que no conseguimos deshacernos.

Así es como se cocina una buena dosis de autoexigencia….

Cómo controlar la autoexigencia.

Cuando empecé a reducir el consumo de plástico, me frustré un poco con el tema. La verdad es que es una tarea difícil y cada envase que no podía evitar lo veía como un fracaso.

Pero un día dije ¡basta! y empecé a fijarme en todos los avances que había hecho en vez de centrarme en cada envase que no había podido evitar.

Así que quiero que tengas muy en cuenta que la autoexigencia se puede controlar y trabajar. No se trata de que te dé todo igual, ni mucho menos. Se trata de utilizarla en beneficio propio en vez de que se convierta en un arma de destrucción de tu autoestima.

¿Quieres saber cómo? Te cuenta algunos truquillos para poner en práctica desde ahora mismo:

1.- Pide auxilio.

Sí. Lanza un SOS a quien haga falta antes de que te compres un billete a Australia de solo ida.

Pedir ayuda no te hace más débil. Pedir ayuda te hace humano.

Es importante conocer nuestros límites y saber cuando estamos sobrepasándolos. No puedes vivir en un estado de estrés continuo porque te pasará factura.

Si no puedes más, párate, respira y grita bien alto. Seguro que un amigo está cerca para echarte una mano.

Mi mayor error hasta el momento ha sido no haberle dicho a mi jefa en su momento que no podía con todo, que estaba saturada, que las horas del día no llegaban para hacer todo lo que tenía que hacer. Que necesitaba ayuda (aunque no me la hubiera dado). Me arrepiento de no haber lanzado mi SOS.

No me ha vuelto a pasar. Ahora mismo me conozco lo suficiente como para saber que trabajo rápido y bien. Si no puedo con todo, no es problema mío. Eso es algo que no me podrá discutir ningún jefe nunca más.

2.- Ponte metas pequeñas

Ya, ya, ya…A mí también me gustaría que mi blog se convirtiera en la referencia de la vida slow en español pero seamos realistas es una meta difícil.

Puedo seguir soñando con ello y frustrarme cada vez que veo que no lo he logrado o puedo plantearme metas más realistas. ¿Por qué no intentar primero que mi entorno me vea como una referencia de la vida slow?

Después puedo pensar en hacer alguna iniciativa en mi barrio. ¿Por qué no ponerme en contacto con otra gente a la que le guste la slow life?

Yendo poquito a poquito se recorre mejor el camino. No lo olvides. Mantén claro el objetivo pero que no te ciegue. No dejes que te impida disfrutar de todo lo bonito que te vas a encontrar mientras llegas a él.

3.- Olvídate del “tengo que”

Nos pasamos el día dándonos órdenes. Tengo que hacer esto, tengo que hacer esto otro…¿Y para cuándo el quiero hacer esto, quiero hacer esto otro?

Nos olvidamos de lo que realmente queremos porque estamos todo el día pensando en lo que tenemos que hacer. ¿Pero quién nos lo impone? Nosotros mismos.

Cuando estés agobiado pensando en todo lo que tienes que hacer, párate y piensa: ¿quiero hacerlo? Es más ¿necesito hacerlo?

Responder a estas dos últimas preguntas te dará la clave para priorizar todas esas acciones que te estresan. Obviamente, no siempre te podrás librar de algún “tengo que” pero seguro que te ayuda a tomar consciencia de lo que haces.

Cuando empecé a hacer lo que quería en vez de lo que tenía cambié la expresión “No tengo tiempo” por “No tengo ganas”. Hay gente que no está de acuerdo conmigo pero yo creo que si realmente tienes ganas, sacas el tiempo de donde haga falta.

¡Pruébalo! Seguro que te ayuda a relativizar y ordenar tu mente para ordenar tu día. Y si no…como siempre digo: no te tomes la vida tan en serio. Esto es un viaje increíble que solo ocurre una vez. ¡Disfrútalo! 🙂

Gracias por tus consejos Paula. Y gracias a ti por leer.
Victoria.

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