Tres días a dieta de sopas.

Mi gran vicio por las sopas caseras me llevó a comprar un libro de recetas, “Sopeando”. En él muestra las recetas de sopas separadas por temporada y un desglose inicial muy bien estructurado para realizar varias “dietas”. Inmunizante, detox, adelgazante.

Me propuse realizar la dieta inmunizante de tres días. Pensando, ilusa de mí, que con ello mejoraría mi sistema inmunológico.

Esta es la conclusión final tras tres días a base de sopas:

Fin de semana, me voy a la compra. Lleno el carro de ingredientes frescos. Tomates, pimiento rojo, eneldo, pollo de corral, apio… una lata de leche de coco. etc. Comenzamos bien, compras a granel. Lo que me gusta. Una compra zero waste.

En cierto modo llenar la nevera de alimentos frescos me hace sentir que llevo una vida sana. Y me replanteo incorporar la dieta crudivegana. Comprar los sábados y alimentarme de verdura cruda durante la semana. La primera noche me dedico a asar tomates y pimientos en el horno. A hacer el caldo de pollo, que dejo reposar varias horas en la cazuela. La segunda noche me acuesto de madrugada cocinando mis cinco sopas.

  • Naranja, pomelo y semillas de chia. Desayuno.
  • Caldo de pollo. Media mañana.
  • Pimiento rojo con eneldo. Comida.
  • Zanahoria con curry y leche de coco. Merienda.
  • Sopa de tomate. Cena.
  • Plátano con nueces. Postre.

 

Primer día. Martes.

Tercera sopa. Después de comer. “Estoy obsesionada con la palabra sopa. Y la palabra dieta retumban en mi cabeza. Una parte de mí me dice “es para evitar enfermar”. Otra “no está demostrado científicamente”. Por un día mis pensamientos se centran en mi alimentación y no en los envases. Siento hambre. Se me antoja un croissant integral, o una hamburguesa. Siento frío en el estómago. Creo que me cabeza no funciona al 100%”.

Segundo día. Miércoles.

Me siento fenomenal. Desperté ligera, activa, animada. No pienso en comer. Me dedico a hacer las tareas de mi trabajo. Tomo la sopa del momento y hago deporte en el gimnasio.

Por la noche. Mi chico se come una pizzeta y una cerveza en un bar. Pido un agua con gas. En otro momento sería imposible no caer… Un golpe de positivismo se apodera de mí.

Tercer día. Jueves.

No pienso en la comida. He asumido rápidamente a las horas que tengo que comer. He hecho deporte 40 min. Me he sentido bien, aunque no enérgica al 100%. Al llegar a casa y correr hacia el autobús he dejado de sentir mis labios, ligeramente.

Me siento ligera, no echo en falta masticar. Una sensación de orgullo tras haber superado el reto, una vez más, me acompaña. Esa misma noche estoy en cama, comienzo a no sentir mis labios y los brazos. Me levanto, como maíz en lata y dos nueces. Mi mayor temor es desmayarme por falta de nutrientes.

Al día siguiente cenando en casa de unos amigos comenta una de ellas, nutricionista. “Has jugado con tu salud de manera absurda. Tu cuerpo podría entrar en catabolismo e incluso llegar a una parada cardíaca. Lo mejor es cambiar tus hábitos diarios y hacer mucho deporte.”

Una cosa esta clara, estos días he aprendido a centrar mis pensamientos en cuidarme. He puesto a prueba mi fuerza de voluntad, he conocido lo que es alimentarme a base de verdura. Y he cambiado de perspectiva respecto a la importancia de cambiar de hábitos alimenticios. A fin de cuentas, comenzar con un cambio físico genera mayores cambios. Conseguir el minimalismo en todas las facetas de mi vida.

Hoy dejo esta receta que colgué en instagram. Sin plástico.

Receta de la sopa de plátano a granel:

  • 750 ml agua.
  • 115 gr nueces a granel.
  • 1 rama canela en rama. Si es ecológica mejor.
  • 2 plátanos pelados cortados. Del ecomarket.
  • 1/2 cuc extracto de vainilla. o 1/2 vaina
  • 2 cuc semillas de lino. Ecológico.

Dejar en agua caliente 12 h aprox. las nueces con la rama de canela. Tras el reposo retirar la rama de canela y triturar todos los ingredientes. Incluida en agua.