Probando la copa menstrual.

La semana pasada estuve en la feria Biocultura en Ifema. Me acerqué a un stand de la marca Mimacup y mientras me informaba de su uso me dijo la mujer de mi lado “Llévatela… en serio. Hace tres años que la uso y es lo mejor que he podido hacer”. Contagiada por su entusiasmo decidí comprar una. Debe ser algo generalizado, pero en la feria también me comentaron “Desde que uso la copa menstrual me he reconciliado con mi menstruación”.

Esta misma semana la he probado. Y esta ha sido mi experiencia. Ahí va mi reto/post semanal mi vida sin plástico, la alternativa sostenible a los tampones y compresas, una copa menstrual.

El primer día de regla compré una cazuela nueva. Una única que guardaré fuera de la zona de grasa para desinfectar la copa después de cada uso. La herví, durante tres minutos que contabilicé con el móvil. “Voy a meterme la copa” le comenté a mi chico esa noche, toda decidida. Pensando que a los cinco minutos saldría del baño tirando la toalla como la primera vez que usé un tampón. Tras varios intentos, vídeos de youtubers contando la experiencia de fondo… era tarea casi imposible. “¿Te has ido por la taza?” me gritaba mi chico aporreando la puerta a la media hora… Finalmente encontré el truco. Plegar de menos a más y poner la parte recta hacia el coxis. Hay que entender que no es un tampón. No hace falta introducirla tanto ni empujar con el dedo. Una vez dentro  se abre y se adapta a tu cuerpo. La primera reacción fue“mmmm no lleva cuerda, a ver como la saco mañana…”. La segunda pensar que una vez dentro no sientes absolutamente nada. Soy de las mujeres que le molesta ponerse un tampón y he cogido una talla S.

A la mañana siguiente tardé media hora en retirarla. Con lubricante por si acaso… conseguí coger el truco. Apretar para que no haga vacío y arrastrar hacia fuera por un lateral. Tarea un poco complicada si se ha subido mucho. Se me volcó y llené el baño y mis manos de sangre. Automáticamente la aclaré con agua y la volví a usar. Después me metí en la ducha.

Ese día me fui al trabajo y al llegar a casa tras cinco horas repetí la operación. Esta vez el tiempo se redujo a 10 minutos. El plan era quitarla y poner un tampón.  Pero me apetecía bien poco introducir un algodón seco, además me gustó la idea de ver que no tiraba ningún residuo a la basura. Así que volví a usarla otro día más hasta que sólo ví una gota dentro.

Esa misma noche le contaba a mis amigas cenando lo mucho que me ha sorprendido usarla. Primero no sentir nada. Segundo la liberación de conocer tu cuerpo y después saber que hago algo bueno por el medio ambiente. Reconozco que tener la suerte de usar un baño individual en el trabajo facilita la tarea. Para lavarse y lavarla. No se me ha dado el caso de tener que quitarla en un bar. El próximo mes lo comprobaré.

Nota a la copa menstrual: un 6 por complicación al ponerla. Un 9 por comodidad al tenerla dentro. Un 4 por quitarla. Un 10 por su envase.