El cepillo de dientes de bambú

 

Cuántos cepillos de dientes gastamos a lo largo de nuestra vida… a cuatro cepillos por año unos 340… Es uno de los plásticos más difíciles de degradar. Porque son muy resistentes al agua. La mayoría de los cepillos actuales tienen mangos plásticos y cerdas de nailon o una mezcla de nailon con poliéster.

Esta vez, me paso al cepillo de dientes con mango de bambú. El bambú es muy duradero y de las mejores especies que pueden usarse en la fabricación de utensilios destinados a la higiene personal porque es especialmente resistente a los gérmenes. El mío es de cultivos sostenibles. Las cerdas están hechas de nylon para garantizar una larga duración y una mejor capacidad de limpieza. Al terminar la vida útil del cepillo se puede enterrar sin cabezal, no deja residuos. Es la opción más económica que he encontrado en Madrid. Lo he comprado en una tienda vegana. Por cierto le tengo que dar un diez al packaging, mi frikismo con el envase sostenible casi me hace llorar al abrirlo y ver que está envuelto en papel. Este vídeo de la marca muestra su fabricación.

Ahora solo me falta dar con una pasta de dientes eco y usar hilo dental de seda. Al principio cuesta hacerse con todo, no es algo habitual en el supermercado. De momento he hecho mi propio enjuague bucal a base de:

  • Agua
  • Tomillo
  • Esencia de menta.

La receta la encontré en el blog “Vivir sin plástico”, he de reconocer que no está muy bueno este enjuague, en comparación a los enjuagues industriales a los que estoy acostumbrada, pero al fabricarlo la casa huele fenomenal.

El día que fui a comprar mi cepillo dental, me dejé mi bolsa de tela en casa. Así que me llevé todo en las manos… De camino a la tienda vegana donde compré el cepillo pasé a comprar arroz basmati al peso. Después compre un rotulador para mi pizarra directo desde la entantería y ya que estaba me compré un pan rústico buenísimo. Me fui a casa con las manos llenas de cosas. Pero fui capaz de no caer en la tentación de usar una bolsa, me sentí tan orgullosa… Ya me sale automático:

  • En la tienda: “¿Quieres bolsa?”.
  • Yo: “¿Es de plástico?”.
  • En la tienda: Sí.
  • Yo: Entonces no, gracias.

El plan mi vida sin plástico ha tenido buenos resultados en cuanto a comida. Para evitar el uso de plásticos, esta semana el aceite lo he comprado de una garrafa metálica por litros. Las gulas son de lata y he hecho palomitas de maíz en cazuela, con aceite de oliva. Vamos como me las hacía mi hermana cuando éramos pequeñas. ¡Riquísimas! A cambio hay cosas a las que no he podido renunciar, el uso de papel de aluminio, pasta de dientes  y una tableta de chocolate.

Por lo demás, mi ropa sigue en venta, mi balda del baño cada día más vacía, me sigue dando igual ir a comprar al supermercado y he dejado de pensar lo que voy a ponerme de cremas.

Estado mental=liberación.