Adiós ropa vieja.

Esta semana digo adiós a toda aquella ropa que llevo sin usar un año. No me la pondría hoy, ni mañana y tampoco me hace sentir bien. Ese es uno de los trucos a la hora de hacer limpieza. ¿Qué tiene que ver deshacerme de mi ropa con el consumo de envases de plástico? Pues está muy relacionado, se llama vivir en el minimalismo. Significa que hay algo en mí que ha cambiado, a parte de dejar de comer alimentos procesados, dejar de comprar productos de estética en envase de plástico y decir no al consumo de refrescos embotellados en plástico.

Y es que Bea Johnson explicaba muy bien cómo combinar 15 prendas de ropa y llegar a crear 50 oufits.

No pretendo hacerme un armario con 15 prendas. Pero por lo menos pretendo cambiar mis hábitos. Y es que comprar seis pares de calcetines y tirar cuatro a los tres meses… O comprar medias y romperlas incluso antes de subirlas. No me parece una buena inversión. Así que desde hace tiempo comienzo a apostar por marcas de ropa de calidad. Al menos, en lo que se refiere a medias y calcetines. Estas rebajas no he comprado nada… hay cosas que me animan más en estos momentos. A partir de ahora apostaré por prendas básicas.

Así que después de este momento de revisión de todas las cosas que tengo dobladas sin usar, he cogido mi móvil y he puesto a la venta todo en una app.  El dinero recaudado lo destinaré a la compra de algo que sea más práctico que una balda llena de ropa inútil.

Por lo demás, quitando mi momento orden, el cual creo que es necesario para ordenar la cabeza también. Esta semana, mi reto vivir sin plástico ha sido bastante productivo.

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Mis lentejas con chorizo pasaron a ser una ensalada (receta vegana) de tomate, cebolla y eneldo.

 

 

En el trabajo meriendo mandarinas. Mi pizza lleva queso rallado por mí, el pescado del supermercado lo he comprado al peso y mi talla de pantalón ha bajado de nuevo… Por cierto una desilusión irme a Mercadona a comprar y salir sólo con mi pescado al peso. Que conste que era muy fan y me encantaban sus productos, pero ahora viéndolo desde otra perspectiva… Si todo el potencial que tienen vendiendo su marca, lo orientasen para lanzar un mensaje de responsabilidad con el consumidor hacia el medio ambiente… Pero no, los envases no pueden contener más plástico, la iluminación ni siquiera es de led’s (ojo que el interiorismo retail es mi punto débil) y las cámaras frigoríficas no tienen puertas. Me parece algo de lo más básico.

En fin, dejando la crítica a un lado, algo a lo que no me pude controlar fue una tableta de chocolate con trocitos de galleta y un menú de Burguer en el cual evité las bolsitas de ketchup y la pajita de plástico.

Siento que todo deja de ser forzado para pasar a ser natural. No tengo que pensar qué puedo hacer para mejorar en mi reto zero waste, porque cada vez es más automático. Y me encanta ver a gente en Instagram compartir los mismos hábitos. Es muy difícil pedir a todas las personas de tu entorno que se sumen al reto vivir sin plástico, pero no tengo ningún reparo en decir en la fila del supermercado en voz alta.

“¡No gracias, no consumo bolsas de plástico, que terminan en el mar!”.