La piedra de sal.

Esta semana el cambio también va de cosmética entre otras cosas. Semana tras semana voy agotando mis botes. Hay bastante por eliminar. Si me paro a calcular el coste de muchos de estos productos creo que podría haber caído alguna buena cena con ellos. ¿Realmente necesito tres botes de cremas?

Un hábito incorporado a mi rutina diaria ha sido retomar mi viejo desodorante de piedra natural. Lo compré hace dos años y dejé de usarlo al año porque comenzó a darme alergia. Vale, viene envuelto en un envoltorio plástico, pero su duración equivale a la compra de cinco desodorantes de spray o roll on. Para los que no sepáis que son, estas piedras están compuestas a base de las sales de origen mineral Ammonium Alum o Potassium Alum, esta última es la más frecuente, que al entrar en contacto con la humedad  (tenemos que mojarlo para darle uso) libera sales minerales que neutralizan la bacteria que ocasiona el mal olor sin cerrar los poros. No posee fragancia.

Como tengo comprobado que no puedo usarlo en un tiempo prolongado lo intercalo con un “desodorante artificial”.  Recuerdo que en un año de uso no gasté ni la mitad de la piedra y que el objetivo de mi reto zero waste es  reducir el uso de envoltorio plástico a la semana. Así que esto es una aportación.

Respecto al resto de mis objetivos por esta semana, he comprado verdura en el supermercado habitual, mi snack han sido aceitunas en tarro de cristal, no he bebido ni un refresco en botella por la calle, unas castañas en sustitución a la bolsa de patatas y en mi ducha ya no queda bote de gel, champú, ni aceite corporal.  Ahora solo hay pastillas de jabón.

Por lo demás… ahí siguen, gastándose los mini botes de muestras. Tendré que pensar que haré cuando no me quede ninguna crema corporal, como elimino mi pan en bolsa o donde consigo café al peso. Las cosas avanzan paso a paso. Acepto sugerencias de alternativas.