El día que cambié de botella.

Desde que  decidí comprar una botella de cristal hace ocho meses creo que he debido de ahorrar 10 o 15 euros. Antes, me despertaba por las mañanas y echaba mano de mi botella de plástico bebiendo medio litro de agua sentada en la cama… después, sentía un poco de asco al pensar que llevaba cinco usos, dicen que es lo máximo que debes rellenarla. Mi siguiente pensamiento era “luego me paso por el super y compro otra”. Aunque no tuviese tiempo, la necesidad me hacía pasarme por un supermercado, hacer fila en la caja, coger otro producto de paso… y así poder tener botella de plástico nueva. Y otro envase más a la bolsa amarilla de reciclaje.

El día que cambié a una botella de cristal dejé de sentir asco por beber en plástico, de tener la necesidad de desplazarme exclusivamente a comprar una botella, de llenar la bolsa amarilla con algo más. Esta la llevo al trabajo, al gimnasio, a la piscina… No es que jamás haya vuelto a consumir botellas de plástico, pero al menos no en casa.

He de valorarlo, poder beber agua de calidad del grifo, es un regalo.

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